Por qué crear una bitácora de noticias imparciales o contrastadas
"Las noticias que se estampan en los periódicos son como la espuma del mar. Hay que leer también el fondo marino." Unamuno, 1895
"La prensa, cuya función, en sus orígenes, fue dar a conocer la verdad, tiene, en este momento, la función de impedir que se conozca la verdad" Chesterton, 1900
PRESENTACIÓN
El mundo está hoy (nuevamente) en guerra. La prensa, por lo tanto, es prensa de guerra. Se cuentan con los dedos de una mano las agencias que tratan de ser imparciales, entendiendo por imparcialidad, según señala un proverbio uruguayo, permitir que se escuchen "las dos campanas" -tesis y antítesis-, con o sin síntesis. En toda guerra, hay, al menos, dos campanas, y cuando la guerra se termina, también hay dos formas de ver la realidad. No porque seamos relativistas, sino porque las posiciones desde donde miramos la realidad son diferentes, y porque la verdad humana, -verdad limitada- dista mucho de la Verdad absoluta de la divinidad. Pero la verdad existe; "verdad -decía Aristóteles- es aquella afirmación que coincide con la realidad." De tal manera, que para mentir sobre una determinada realidad, se necesita crear una realidad paralela.
El mundo está en guerra. ¿Y cómo interpretar la prensa de guerra? Se necesita saber mucho. Y a la vez, no hay tiempo de informarse. Todo esto es cierto, pero, hay que tener criterio antes de empezar. Hay que interpretar la realidad, muy bien ¿pero cómo interpretar la realidad actual, presente, la realidad del periodista, esa espuma en la orilla? Urge conocer el fondo marino. El trasfondo histórico. El tiempo de larga duración. El organismo vivo, la estructura en construcción, que cambia gradualmente y a la vez, tiende a permanecer. Memoria, identidad. Formamos parte de una determinada civilización, de una determinada región geopolítica. Si fuéramos el periodista del futuro, que se llama historiador -el que tendrá que investigar nuestro presente- contrastaríamos fuentes. Nos esforzaríamos por hallar opiniones divergentes: "las dos campanas" para saber hasta qué punto estamos en presencia de una opinión, no de un hecho. O estamos frente a una determinada perspectiva de un hecho, que habrá que matizar con otra. Y en medio de la maraña, con el machete del método, trataríamos de abrirnos paso. No se puede adivinar la verdad cuando hay cortina de humo, pero se puede tener método.
Lo primero es informarse sobre cómo funciona la sociedad del capital monopólico; cuáles son los medios de información que se organizan siguiendo esa lógica. Algunos -unos pocos- serán independientes, aunque tengan su propia línea editorial. Los más tienden -para sobrevivir a las crisis y a las competencias- a concentrarse horizontalmente, en pie de igualdad -un cártel- o más frecuentemente de forma horizontal -un trust, un holding-, donde unas empresas industriales, o más bien bancos, dominan a otras empresas industriales, porque en la sociedad de la información entendida como economía de escala, hasta las iglesias buscan "espónsores", "mercadeos" y "cabildeos". Habrá que investigar primero esto para luego entender a qué complejo de intereses se sirve o no se sirve, porque también está el periodista profesional que, enfrentado a tantas presiones, sigue buscando, a pesar de todo, la verdad.
No todo interés es económico o financiero, es cierto. También está el interés ideológico, aunque muchas veces al servicio del primero. Pero el interés ideológico también condiciona el económico y financiero. Después de todo, una determinada manera de organizar la sociedad parte de valores previos. Siempre hay, en el punto de origen varias opciones. Que se elija un camino y no otro, depende de unos valores previos. Presentar la realidad y el problema que suponen estos valores previos es la función del filósofo, del antropólogo, del profesional de la cultura. Quien esto escribe, además, lo escribe en idioma español, y eso significa, entre otras cosas: formamos parte de una civilización profunda y extensa. De una Gran Patria. Lo suficiente como para no traicionarla.
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